Cuando no sirve nada de lo aprendido y carecemos de la experiencia previa para actuar en situaciones mutantes hay que recurrir al viejo dicho de “hacer de necesidad virtud”. En este caso, tomar las dificultades como una oportunidad para aprender más.
Nos enfrentamos a unas circunstancias conflictivas de desarrollo imprevisto, que como tales, requieren un replanteamiento profundo de cualquier aspecto relacionado con la actividad empresarial. Ya no sirven las viejas recetas con los ingredientes de siempre, encajadas en un modelo válido para épocas de mayor estabilidad.
El cambio requiere cambio y esa modificación y ajuste a la realidad presente debe venir de la invención de nuevas estrategias. Dice Kevin Kelly –precursor de la cultura digital– que la riqueza surge de la innovación: “si haces lo mismo que los demás y de la misma forma siempre vendrá otro que lo haga mejor y te saque del mercado”.
La innovación eficaz no es la que atañe solo a la oferta de productos o servicios diseñados para la ocasión, sino que tiene relación con todo lo imaginable: desde la forma de organizar, hasta la de contratar, vender, administrar o comunicar.
Una de las claves de la cuestión es la flexibilidad y la capacidad de respuesta: los clientes quieren productos y servicios personales, adaptados como un guante a la demanda puntual y de forma inmediata. El proveedor que sea capaz de asumir los nuevos retos y de adaptar la recepción de pedidos, la línea de producción y la logística a estas expectativas, tendrá parte del dilema resuelto.
Y si además, esta celeridad en la entrega y personalización de la oferta se puede conseguir conteniendo los costes y ofreciendo unos precios finales igual de atractivos que la competencia menos metódica, las garantías de continuidad se multiplican.
Está claro que el cambio será un rasgo constante en los nuevos tiempos y cuanto antes interioricemos esta realidad y trabajemos para acomodarnos a ella, menos sufriremos las dificultades actuales y más rápido disfrutaremos de la futura recuperación. Tomemos pues todo este período confuso como un campo de pruebas, de aprendizaje edificante y como la obligación de ser cada día más capaces de reinventar cada proceso de nuestra actividad empresarial.